Tratamientos Ecológicos del Agua de Piscinas, S.L. | TEAP

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Saliclor Serie L®

Sistema de cloración salina

 

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Conozca nuestra gama de equipos de cloración salina para aguas de piscina de pequeño y mediano tamaño.

 

Tecnología para la cloración salina de piscinas

 

Toda la tecnología necesaria, para el diseño y fabricación de nuestros cloradores salinos y de nuestros sistemas de control y regulación de la calidad del agua de la piscina, han sido desarrollada por nuestro departamento de I+D de forma continuada a lo largo de los últimos veinte años.


Esto nos permite ofrecer equipos con los niveles mas altos de innovación y calidad a un precio muy competitivo.

 

 

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Fundamentos de la cloración salina. 


El antecedente de esta tecnología lo encontramos en la producción industrial de Hipoclorito Sódico Sanitario (Lejía).


En las fábricas dedicadas a producir lejía, se utiliza la disociación de sal para producir ácido hipocloroso. Son instalaciones donde la temperatura del agua (90º C) y la elevada concentración de sal en la misma (200 g/lt. 7 veces el agua de mar) conducen a un alto rendimiento en la producción.


El concepto detrás de los cloradores salinos para piscinas se basa en conseguir equipos de un tamaño reducido y manejable y que sean capaces de conseguir una producción adecuada de cloro libre en unas condiciones que sean agradables a los seres humanos. Es decir, a temperaturas entre 20º C y 36º C y a concentraciones de sal en agua de 5 a 7 gr/l.

 

Esta concentración de sal es entre cinco y siete veces menor que la del agua de mar y es equivalente a la de los sueros fisiológicos y a los colirios utilizados por las personas.


Esto hace que el agua de la piscina, en vez de el medio agresivo para la salud en que la convierte el uso de Hipoclorito Sódico Sanitario u otros derivados mas estables del cloro, se convierta en un agua beneficiosa sobre todo para el tratamiento de afecciones de nariz, ojos y piel.


Fundamentos del control de pH. 


El gas cloro que se produce por la electrolisis salina, se va a combinar, de manera casi inmediata, con el agua de la piscina en forma de dos moléculas químicas, Ion hipoclorito (ClO-) y ácido hipocloroso (HClO).
Ambas moléculas desinfectan y ambas se encuentran en equilibrio químico en el agua, formando la suma de las dos los que se denomina “cloro libre”.

 

 

esquema instalación clorador salino piscina

 

 


El problema práctico que nos presenta este equilibrio químico es que la capacidad de desinfección del ácido hipocloroso es, dependiendo de la temperatura del agua, entre ochenta y trescientas veces superior que aquella del ión hipoclorito.


¿Y como podemos utilizar este equilibrio entre moléculas en nuestro beneficio?


La respuesta es sencilla. Con un control adecuado y automático del pH del agua.

 

Con un pH 7, la proporción de equilibrio entre los dos iones es de 75 % de ácido hipocloroso y 25 % de ión hipoclorito. Según aumenta el pH del agua esta proporción se va decantando hacia el ión hipoclorito.

 

Así, con un pH 7,5 la proporción entre las dos moléculas es de mitad y mitad y a pH 8 la proporción pasa a ser de 20% ácido hipocloroso y 80 % de ión hipoclorito por lo que el nivel de desinfección del “cloro libre” en el agua se ve seriamente disminuido.


Si mantenemos, de manera constante, el pH del agua entre 7,2 y 7,6 estaremos asegurándonos una eficacia óptima del equipo de electrolisis salina de nuestra piscina.


¿Y por qué no mantenemos el pH del agua entre 6,8 y 7,2 si el nivel de ácido hipocloroso es aun mayor?


No es aconsejable debido a las cloraminas de el agua. Las cloraminas son subproductos (en forma de compuestos nitrogenados) del “cloro libre” y también se denominan “cloro residual”.


Las cloraminas son un producto residual resultante del proceso de destrucción, llevada a cabo por el cloro libre, de los agentes contaminantes aportados por los bañistas a la piscina (sudor, urea etc..)


Este cloro residual no es un problema cuando el pH es superior a 7,2, ya que el ácido hipocloroso, que se sigue produciendo por el clorador salino,  oxida las cloraminas y las convierte en gas nitrógeno cerrando así el ciclo de desinfección de el agua de la piscina.


Cuando el pH es 7 o inferior a 7 se forman tricloraminas (NCl3), que no pueden ser oxidadas por el ácido hipocloroso, y que aumentan su concentración conforme aumente la concentración de el “cloro libre”.
Estas tricloraminas provocan irritación en los ojos y son las causantes de el reconocible “olor a cloro”.

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